Abro los ojos y tiemblo
Febrero 9, 2007
Hace unos meses, en un post anterior titulado “El futuro más terrible” me referí a la mayor preocupación de Winston Churchill durante sus últimos años de vida: la pérdida de control sobre la bomba más demoledora jamás inventada por el hombre, la bomba atómica.
Se me estremece todo el cuerpo solo de pensar lo fácil que puede resultar para los numerosos fanáticos terroristas (ya hay ingenieros y científicos entre ellos) tener acceso al uranio y contruir un artefacto nuclear que, por pequeño que sea, podría matar a millones de personas en cualquier ciudad de occidente.
Cuando se tiene una preocupación así se presta especial atención a las noticias, por breves reseñas que sean, que aparecen en los medios de comunicación. Y no son precisamente pocas.
Hace unos días, El País publica la siguiente noticia: “Georgia ha desmontado varios intentos de venta del uranio ruso en el mercado negro“. Lógicamente cuándo se compra uranio de estraperlo, digo yo, no será para otra cosa que para construir bombas atómicas.
En la edición electrónica de esta misma tarde, el mismo periódico recoge que “Nueva York se blinda contra un ataque nuclear“. Pero, ¿Cuantas ciudades del mundo pueden blindarse contra estos ataques?. Según el periódico la iniciativa ha recibido críticas en el Congreso por su alto coste. Yo, personalmente, dudo muchísimo que haya sido así, y si lo ha sido simplemente demuestra que el “buenismo” no es exclusivo de España.